martes, 22 de noviembre de 2016

Iberos, comercio y mercenarios del mediterráneo - Historia o leyenda

Iberos, comercio y mercenarios del mediterráneo - Historia o leyenda
















Iberos, comercio y mercenarios del mediterráneo 4




La historia de nuestro país debe mucho a los romanos, desde nuestro castellano,  catalán y gallego,
hasta la legislación y la forma de entender la civilización. Pero
habitualmente nos olvidamos (o no le prestamos tanta atención) a como
éramos antes de la pax, que Iberia era el antiguo El Dorado de
la antigüedad, una tierra llena de bosques y guerreros indómitos en la
que abundaba la plata y el oro. Hoy hablamos de íberos.



Los íberos eran un
conjunto de pueblos o tribus de costumbres y lengua similares que se
desarrollaron entre el siglo IV y II a.C. La zona de influencia íbera se
situaba aproximadamente desde los Pirineos bajando por el litoral
levantino hasta llegar a Huelva y sur de Portugal, y en el interior
hasta la meseta central y parte del valle del Ebro. Las evidencias
arqueológicas sugieren que los íberos pueden ser descendientes de
pueblos del este del Mediterráneo, otras hipótesis dejan ver un posible
origen norteafricano, aunque ésta ha perdido fuerza los últimos años.
Finalmente también podrían ser los descendientes autóctonos de la
cultura megalítica de Europa occidental, lo cual daría veracidad al
famoso mito de Tartessos, un pueblo mítico que
pudo existir cerca de la desembocadura del Guadalquivir sobre el siglo
IX – X a.C. y que aparece en los relatos de Homero.



Los griegos aseguraban que los
turdetanos (pueblo íbero asentado en lo que hoy es Andalucía) eran los
legítimos descendientes de los Tartesios, ya que decían que sus leyes se
remontaban a 5.000 años atrás. Se trata de una clara exageración por
supuesto, pero da pie a pensar que su cultura ya estaba asentada antes
de las migraciones celtas que llegaron por los Pirineos mezclándose con
los pobladores de la meseta y dando lugar a un nuevo pueblo: los
celtíberos.



No sabemos cómo se llamaban a sí
mismos, pues la denominación de íberos fue gracias a los comerciantes
griegos, siendo los primeros en llamarlos así por el gran río Iber (Ebro)
que cruzaba las tierras de estos pueblos. Aunque poseían un alfabeto y
sabemos cómo suena fonéticamente, no podemos traducirlo ya que nos falta
la referencia para poder hacerlo, en definitiva nos falta la piedra rosetta ibérica.
Algunos historiadores y lingüistas creen que el euskera puede ser
descendiente de la lengua íbera, pero tampoco ha habido resultados
concluyentes al respecto.



"Bicha de Bazalote", museo arqueológico nacional.
“Bicha de Bazalote”, museo arqueológico nacional.
 
La religión íbera era parecida a la
celta en algunos aspectos, teniendo muchísimos animales que gozaban de
estatus divino. El toro, lobo o lince son algunos de los más
importantes, y representaban la fuerza, lo sobrenatural o la muerte
respectivamente. Sin embargo a diferencia de sus primos de la meseta,
los íberos si tenían templos donde se realizaban sacrificios para
diferentes fines, ya fuera para asegurar la fertilidad (sacrificando
cerdas preñadas) o para inaugurar un nuevo oppidum (ciudad fortificada).



También veneraban otros dioses
“prestados”, por ejemplo la dama de Elche y otras figuras femeninas
aladas, son el equivalente íbero de la diosa fenicia Astarté o la versión cartaginesa Tanit.
Creían en el más allá, de hecho les preocupaba mucho el bienestar del
difunto. Sacrificaban perros para que éste les guiara por el otro mundo
hasta encontrarse con una deidad de forma femenina que les juzgaría,
probablemente una versión ibérica de Perséfone la diosa griega
del inframundo. Practicaban el enterramiento y la incineración, existen
urnas funerarias y túmulos en cerros, quizás dependiendo del estatus del
fallecido.



La estructura social era la típica de
pueblos celtas, es decir clientelar, gobernada por un reyezuelo o
caudillo, figura que poseía los mejores contactos y clientes de toda la
tribu. Y es que era patente la influencia de diversos pueblos
comerciantes del este del Mediterráneo. Primero llegaron los fenicios
que fundaron colonias comerciales como Gadir (Cádiz) o Malaka (Málaga),
introduciendo productos orientales, algunos de imitación como en la
actualidad, pero que eran muy apreciados por los indígenas. Más tarde
llegarían los griegos que se asentaron en el levante y Cataluña fundando
ciudades como Emporiae (Ampurias). Finalmente llegaron los
cartagineses, legítimos herederos de los fenicios, que también fundaron
colonias tan conocidas como Kart- Hadast  (Cartagena).






Guerreros íberos. Ilustración de Ángel García Pinto.
Guerreros íberos. Ilustración de Ángel García Pinto.
 
Los
íberos a cambio de estos artículos podían ofrecer plata, oro y estaño,
quizás los metales más codiciados de la antigüedad. Y los tenían en
cantidad, tanto que corría la leyenda que dentro de sus casas de adobe y
paja los techos estaban forrados del áureo metal, nada más lejos de la
realidad claro. No obstante la explotación sistemática de los
yacimientos de Iberia está más que demostrada, habiéndose encontrado
minas de oro agotadas ya desde el siglo I de nuestra era.
 
La famosa falcata.
La famosa falcata.
Eso sí, no penséis que éstas tribus se
dedicaban sólo al intercambio, les gustaba guerrear, si, y lo hacían muy
muy bien. No era el típico pueblo bárbaro que se lanzaba como perros
rabiosos sin orden ni concierto, los íberos formaban una especie de muro
de escudos desde donde lanzaban estocadas y tajos con la famosa
falcata. Una espada de un solo filo que causaba terribles heridas en el
enemigo, cercenaba miembros y cabezas, desparramaba tripas por el suelo
causando en la moral un gran impacto.



Otra arma típica era la falárica, una
lanza de unos 90 cm de madera de tejo que se recubría de estopa y pez.
Al impacto con el escudo enemigo, la lanza prendía y el guerrero se
tenía que deshacer de su defensa, quedando vulnerable. Era una
infantería mercenaria muy valorada en el mundo antiguo, se les vio en
Sicilia, en las guerras griego-cartaginesas, combatieron al lado de
Aníbal, permaneciendo muchos de ellos junto a él décadas, incluso las
legiones de Roma contaban con ellos como auxiliares.



Pero desde que Cneo Cornelio Escipión
puso pie en Hispania en año 218 a.C., empezaría un proceso de
romanización con sus idas y venidas, guerras y alianzas con los latinos,
pero un proceso inexorable al fin y al cabo que terminaría convirtiendo
a Hispania en una de las joyas del imperio, que sería capaz de dar tres
emperadores nacidos en la península y se convertiría en uno de los
últimos bastiones del imperio occidental,  pero eso como sabéis, es otra
historia.






Bibliografía y fuentes:


Apiano, Las guerras ibéricas.


Estrabón, Iberia.


Rafael Treviño, Enemigos de Roma: Los ejércitos íberos.







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Acerca de Rober

Me
llamo Roberto y nací en el año 1979 en Madrid. Apasionado de la
historia desde siempre, mi única intención es que compartamos y
divulguemos en este espacio cada pedacito de la antigüedad que tanto nos
gusta. Me encantaría que recorrieras conmigo este periodo. ¿Te
apuntas?, pues bienvenido a Historia o leyenda.







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4 Comentarios en “Iberos, comercio y mercenarios del mediterráneo



  • SrSospechoso
    Interesante
    artículo. Gracias por facilitar la divulgación de la historia. Y
    aprovecho el tema para hacer un poco de publi de mi pueblo, Andorra
    (Teruel) donde el primer fin de semana de Noviembre hacemos una feria de
    recreación Histórica ambientada en la época de los Íberos: Lakuerter.
    Aprovechamos que tenemos las ruinas de una poblado íbero muy bien
    conservadas.

    Invito a que se pase a cualquier amante de la historia antigua, allí le acogeremos y podrá participar de la historia en vivo.

    Saludos!!




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    • Rober Autor
      Hola Sr Sospechoso.

      Gracias por tus palabras. Es perfecto que hagas “publi” de tu pueblo,
      gracias a iniciativas como la vuestra se puede conocer y divulgar
      aspectos de nuestro pasado que seguro muchos no conocen. Suerte con la
      feria y de nuevo gracias por tu comentario. Un saludo desde Madrid.




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